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Advertencia filial


¿A dónde vas, papá?
A recitar poesía.

¿A dónde vas?
A recitar poesía.

¿A dónde?
A recitar poesía.

Papá, ten cuidado.
No me gusta / la policía.


P.S.: Transcripción literal de una conversación mantenida con Elsa (2 años y 10 meses) que ni he querido ni he podido -más esto que lo otro- versificar mejor que tal y como se produjo.

Ya vienen

Ya vienen los agentes borrachos en su nombre.
Ya vienen los hampones abstemios en persona.
Ya vienen a derramar el vino que les compramos por el suelo
y a romper sus propias botellas de licores.

Ya vienen a decretar la Ley Seca
y a abrir sus bares clandestinos legalmente.

Si llegan,
esta misma noche quizá,
para confiscar los alambiques que ellos mismos fabricaron

esperaremos
con los labios brindando sin su alcohol
justo
antes
de destilarnos.

Revolución del 1 de septiembre

La Revolución ha sido el uno de septiembre
y he sido cómplice yo también.

Yo también he disuelto las asambleas destituidas.
He plegados las sillas plegables.
He cancelado el umbral de la cancela.
He barrido la barra del bar.

Yo también he clausurado los negocios prohibidos
y he pintado cruces con el filo de una llave
en el huerto, en el corral, en la bodega,
en la despensa, la leñera y los fogones.

Yo también uso la moneda como nueva moneda
y la tortilla de patatas,
equivalente a dos filetes de pollo empanados,
he dejado fuera de circulación.

He empuñado un reloj.
He escondido la chanclas.
He vestido el uniforme pret-a porter.
He depuesto mi azada, mi paellera o mi cuba.
He tirado a la pira los libros de la maleta.
He impuesto el toque de queda
y el estado de excepción.

Yo también…
Yo también me he levantado.
Yo también he marchado.
Yo también he colapsado la A3.

La Revolución ha sido el uno de septiembre
o cualquier otro día
y yo también.

Desobedeceré

Cuando me hayan talado el brazo
desobedeceré.
Plantaré un árbol entre las losas de granito de la plaza.
Lo regaré.
Me sentaré a su sombra aunque caiga en la zona de estacionamiento.
Recogeré sus frutos sin códigos de barras.
Los comeré.
Me encadenaré a él cuando vengan las máquinas.
Me levantaré para verlo caer.
Y sujetando una navaja en la boca
grabaré un corazón con tu nombre
en el otro brazo.