El cetro sin seguro y con el índice.
La pluma de escribir semiautomática.
El mazo con la mira telescópica.
La tiza con un dogma en la recámara.
El báculo de asalto anatemático.
El dólar humeante tras un crédito.
Apuntan tan constantes y monótonos
que el tanque, por ahora, impertérrito.
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Cada verso un poema. Y el último, tan inquietante…
Saludos poéticos.
Gracias de nuevo y saludos.
Simplemente genial. Arranca el tanque ya 😉