Archivo mensual: octubre 2012

Pateras


Ahora que el viaje ha resultado ser
una estafa
que se paga con los ahorros de toda una vida,

ahora que ha caído la noche en medio del océano
sin que dejaran
una sola manta en el bote,

ahora que deshidratados y con principio de inanición,

ahora
que las alarmas y los focos de los guardacostas
han salido a nuestra captura
-o nuestro rescate-
para nuestra deportación o desahucio,
expolio
o expatriación,

y después de que hayan aparecido los primeros cadáveres
flotando
en la orilla de un alféizar
de la ventana de un quinto piso,

reitero:

por muy distinto que sea el color
de nuestra patera,
todos somos hermanos

hijos
de un mismo
capitalismo.

El melómano


Dijo que amaba la música cuando retiró el cobertor de un hermoso piano negro.

Luego, se sentó en un taburete y estuvo observándolo tranquilamente desde allí, antes de comenzar a relajar y estirar las manos con ligeros movimientos de dedos y muñecas. Repitió que amaba la música al acariciarlo, al levantar la tapa del teclado, al acercar el taburete y al colocar los pies sobre los pedales. Tocó unas cuantas notas armónicas después.

Una vez que el silencio volvió a la sala, estiró de nuevo los dedos y los colocó sobre el teclado del hermosos piano negro sin llegar a posarlos en él. Respiró hondo y cerró las manos.

Levantó los puños y, de súbito, aporreó las teclas haciendo salir de la caja de resonancia un sonido estridente. Repitió la misma operación tres veces y tres veces afirmó que amaba la música.

Descansó. Se puso de pié y retiró el taburete. Permaneció frente al hermoso piano negro durante unos instantes hasta que, agarrándola con las dos manos, arrancó la tapa del teclado de un tirón fuerte y seco. Con la tapa en la mano dio una vuelta alrededor del piano y comenzó a golpear con ella el bastidor haciendo saltar astillas por doquier. Con un susurro recordó que amaba la música y volvió frente al teclado para, con suaves movimientos de vaivén, hacer sonar arpegios tremendamente desafinados.

Se retiró y contempló de nuevo el hermoso piano negro, ahora deteriorado y dañado. Se retiró aún más, como tomando carrerilla.

Y corrió hacia el piano. Gritó que amaba la música en plena carrera y saltó al interior del bastidor reventando varias cuerdas. Volvió a saltar sobre el cordal y el clavijero hasta que no quedó ni una sola intacta. Saltó de nuevo fuera del bastidor y volteó el piano contra el suelo. Tronchó las patas, las hincó junto al mecanismo de percusión y se detuvo con los brazos en jarra.

Entre un reguero de astillas, cuerdas y teclas blancas y negras, y con la camisa blanca teñida de sangre roja, alzó los brazos, miró hacia el techo y con un bramido hizo retumbar en el auditorio lo mucho que amaba la música.

Tendido en el suelo, descuartizado y hecho añicos, quedó el hermoso piano negro.

Era negro zaino.

Entre otoños



¡Voz de tiza cumple un año!

Con esta fecha como pretexto aquí dejo Entre otoños. Una recopilación de los poemas publicados en este blog desde octubre de 2011 al mismo mes de 2012, con la finalidad de facilitar su lectura y difusión y, sobre todo, de agradecer los ánimos y apoyos recibidos durante este tiempo.

Para descargar Entre otoños en formato .pdf pincha sobre la imagen.

A todxs lxs que estáis ahí ¡gracias!

Trileros


A la vuelta de la esquina
sobre una caja de cartón
tres vasos del revés.

En cada uno de los vasos
un letrero rotulado con edding:

Políticos.
Banqueros.
Inversores.

¿Dónde está la bolita?

¡Tiempo!

Han gritado “agua”.